

Alevín A, más que fútbol
Mucho más que fútbol: la evolución del Alevín A esta temporada
El Alevín A no solo ha competido esta temporada en una de las categorías más exigentes del fútbol base madrileño. También ha aprendido a crecer desde la dificultad, la confianza y el sentimiento de equipo. Una generación que ha demostrado que el fútbol va mucho más allá del resultado.
Tras una temporada marcada por momentos de dudas, rachas complicadas y también grandes victorias, el equipo ha conseguido mantener la categoría en Autonómica dejando una identidad muy clara: jugar bien al fútbol, competir juntos y aprender en cada situación.
El cuerpo técnico destaca especialmente la evolución mental y colectiva del grupo. “Más allá de ganar o perder, queríamos que jugaran bien y entendieran el fútbol desde el equipo”, explican. Y es precisamente ahí donde más ha crecido este Alevín A. En la confianza entre compañeros, en el apoyo mutuo y en la capacidad de levantarse tras los momentos difíciles.
Durante la temporada, los jugadores han aprendido que el fútbol no se gana solo. “Antes pensaba que el fútbol iba de uno mismo, pero en realidad va de un equipo”, reconoce uno de los futbolistas. Otro resume perfectamente el sentimiento del vestuario: “Cuando uno está triste, los demás le apoyamos”.
La transición hacia el fútbol once comienza ya a aparecer en el horizonte. Un paso importante donde la exigencia física, táctica y emocional será aún mayor. Por eso, el trabajo del equipo técnico también se centra en prepararles para ese cambio, ayudándoles a adquirir conceptos, responsabilidades y una mayor autoexigencia.
Porque precisamente esa es una de las palabras que más se repite cuando se habla de este grupo: crecimiento. Crecimiento táctico, emocional y también personal. Los propios jugadores destacan aspectos que han mejorado durante el curso: levantar la cabeza antes de recibir, entender mejor la salida de balón, jugar más en equipo o aprender a competir con más fortaleza.

Incluso las experiencias más duras se han convertido en aprendizaje. Desde derrotas dolorosas hasta acciones fortuitas en el campo, como el golpe que sufrió uno de los jugadores en los dientes durante un partido. Situaciones que refuerzan la unión de un grupo que ha sabido mantenerse junto en todo momento.
Los entrenadores también han sido fundamentales en ese proceso. Exigentes cuando tocaba serlo, cercanos en los momentos difíciles y siempre pendientes no solo del futbolista, sino también de la persona.
El Alevín A cierra así una temporada de mucho valor. No solo por haber mantenido la categoría, sino por la manera de hacerlo: creciendo juntos, aprendiendo juntos y entendiendo que el fútbol, como la vida, también consiste en levantarse cuando llegan los momentos complicados.



















