

Intensidad, fe y una promesa en el vestuario, Alevín B
El Alevín B del Tres Cantos no baja los brazos. Lo dicen ellos mismos, sin filtros, sin excusas y con una sinceridad que enamora. “Vamos mal, muy mal”, reconocen. Pero también añaden algo que vale oro en fútbol base: ganas, compromiso y fe en que el cambio está cerca.
El diagnóstico es claro, falta creérselo. “Cuando competimos de verdad, competimos con cualquiera”, dicen. El problema es que a veces esa versión no aparece durante todo el partido. Por eso el camino también lo tienen definido: más intención, más intensidad, más confianza. Lo repiten como un mantra.
Los jugadores lo tienen claro, no hay que tenerle miedo al balón. “Si la pierdes, no pasa nada. La siguiente no la pierdes”. Correr más, robar rápido, estar atento a la marca, ayudar en defensa, llegar al área, asistir y marcar. Cada uno asume su parte con una naturalidad que solo existe a estas edades.
Se hablan de tú a tú, y todos coinciden en lo mismo: intensidad, cabeza, confianza y trabajo.
También hay espacio para el reconocimiento entre compañeros. Se celebran asistencias, goles, carreras defensivas, ayudas al equipo. Se dicen sin vergüenza lo que hacen bien: correr, ser rápidos, ayudar atrás, moverse en el centro del campo, defender, asistir, estar disponibles. Y también se dicen lo que falta: más centros, más atrevimiento, más creer.
Y entre tanta autocrítica aparece la promesa que resume al grupo, “este año vamos a ganar un partido de Liga”. Pero no se quedan en uno, están convencidos de que llegarán muchas victorias.
Porque aquí nadie se rinde. Ellos mismos lo dicen, “nunca nos tenemos que rendir”. Se comprometen a entrenar con más intensidad, a luchar cada balón, a no salir al campo pensando que van a perder. A creer. A competir. A seguir intentándolo.
El Alevín B quizá aún no ha ganado, pero ya tiene algo que no se entrena: actitud, unión y una fe contagiosa en que todo puede cambiar. Y en fútbol base, eso siempre acaba dando frutos.



















